ˇSerbia es culpable, carajo! es un irónico artículo Jon ODRIOZOLA publicado en el diario vasco GARA el 28 de abril de 1999 contra la agresión imperialista a Yugoslavia
Jon Odriozola Periodista
Como pensador e intelectual crítico que soy y me considero, más de izquierdas que liberal, siempre mostré mi repulsa y denosté el abominable régimen totalitario que imperaba en la antigua Unión Soviética. En las abarrotadas conferencias a las que amablemente fui invitado por mi condición de intelectual insobornable siempre vociferé mi más rotundo y frontal rechazo al llamado "socialismo real" vigente en los países del Este (que, como se sabe, ya no están en el Este), así como a la Albania de Enver Hoxa, que motejé de "último bastión del stalinismo" (con "ese" líquida, que suena más feroz). Deturpé (el hecho de que use este verbo, "deturpar", indica y demuestra mi condición de intelectual) la China de Mao y afeé la conducta despótica de Castro en Cuba. Me opuse con firmeza y no poca elegancia a los fundamentalismos fanáticos e integrismos excluyentes. Encabecé tuve ese honor manifiestos contra la revolución islámica del Irán, cuyo Gobierno califiqué de "terrorista" asumiendo riesgo personal (pero con más suerte que Rushdie), y participé en "insurrecciones firmadas" solicitando el pronto regreso a la democracia y el respeto a los derechos humanos en esos desdichados países. Como puede verse, siempre puse mi pluma y acaso talento al servicio de nobles y justas causas contra toda clase de dictaduras y oprobios que vejan y humillan el género humano, ya sean de derechas o de izquierdas pues, como se ha comprobado, existe el "fascismo de izquierda" aunque al mako siempre vayan los mismos.
Sinceramente, yo creo que la más honesta labor de un intelectual crítico consiste en precisamente eso: criticar. Cuando era más joven denuncié sin desmayo la tiranía del sátrapa Batista en Cuba y cuando Fidel Castro lo "botó" y se puso a imaginar la Revolución, ah, también lo critiqué sin deliquio. No más que al segundo día y no bien triunfó la Revolución, yo ya me dí prisa y empecé a criticarla. Ejercí mi función, desarrollé mi tarea, cumplí con mi deber. Las revoluciones, aprendí, se apoyan justo hasta el día que ganan. Después, de inmediato, uno entra a valorar y criticar y menoscabar.
Por supuesto, ni que decir tiene, me alegré sobremanera con motivo de la caída del "Muro de Berlín". Eso supuso la libertad. Por descontado, no podía ser de otra manera, celebré satisfecho el desmoronamiento del "socialismo real". Eso trajo la democracia. Aunque todavía quedan unos pocos países "extraviados" que no vieron el fracaso del comunismo y oprimen a sus pueblos, confío y deseo que la inmaculada democracia y sacrosanta libertad avance gloriosamente de manera ineluctable e inesquivable hasta conseguir la felicidad y otras ataraxias de los pueblos y países. Una especie de "paz perpetua" con la que soñaba el bueno de Kant donde reine para siempre la libertad (sin sustantivo), la democracia (sin adjetivo) y el respeto a los derechos humanos (los "izquierdos" humanos son harina de otro costal).
Haré ahora, querido lector, si se me permite, una confidencia. No ignoro que hay por ahí un compacto grupo de buenos amigos y colegas que me quieren homenajear y agasajar por mi larga y dilatada lucha y empeño en pro de la democracia y oclocracia. Creo que Jaime Capmany y Carrillo están en ello. Lo agradezco (porque, sin duda, lo merezco) pero, amigos, lo siento, no hay caso, no lo necesito. Es demasiada lisonja y yo soy modesto. Yo les digo, con el gracejo y salero que me distingue, que lo que quieren, jejé, es "jubilarme". Y yo sigo todavía en la brecha y en la pelea. El mundo, dicho sin falsa modestia, todavía me necesita. ¿Le fallaré yo al mundo mundial? ¡Por Júpiter que ni por pienso! Vean, si no, cómo estamos, a las puertas del siglo XXI, al borde y antesala de la Tercera Guerra Mundial por culpa de un irresponsable genocida serbio que se resiste a entrar en el "Nuevo Orden Mundial". Es tal su locura que, en una situación desesperada, este felón es capaz de enviar y pasaportar un "pepino" o misil a la mismísima Moncloa donde cenan apaciblemente sus inquilinos o a Barakaldo, pues igual ni saben los servicios secretos serbios que aquí, en Euskadi, se rechazó el ingreso en la Santa Alianza Atlántica o lo mismo les da por envenenar el poético y romántico Danubio y, entonces, ¿qué será de los poetas y el delicado Luis Antonio de Villena? ¿O Gala? Y aducirá el tirano, que además es feo (así se escribe la historia), en pleno delirio bélico-orgiástico, que lo hace en legítima defensa. Lo que hay que oír. Por eso yo alzo mi voz y saco pecho y toda la ostia y grito, sí, grito al mundo mundial y el Comité Olímpico Internacional: ¡Dios mío, hay que parar a este tunante! ¡No es tiempo de homenajes! ¡Hay que parar los pies al tarado este que puede provocar si se le infla la vena una nueva y devastadora conflagración mundial! ¡Las democracias deben unirse para evitarlo! ¡Rusia, digo Serbia, epa, es culpable, coño!
Bien, amigos, el asunto es serio. No se lo tomen a broma, no chanceen, no hagan chiste. No digan luego que no les previne acerca de la posibilidad de que este rematado loco eslavo de mierda nos pueda rejoder y la líe y la arme llevándonos al holocausto (pero, tranquilos, que estas cosas no pasan y, si pasan, pasan "por ahí", lejos, ¿no es cierto?). Afortunadamente, no hay motivo para el alarmismo. Las democracias reunidas Geyper y la MegaOTAN impedirán la hecatombe y el acabose. Recemos porque así sea, amén. Mi conciencia está limpia y tranquila como un sepulcro blanqueado. Nunca me sentí mejor. Sigo en forma (el publicotariado, de pie, aplaude a este engendro).